Coliflor

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Relato breve

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Mientras el aire seco es incapaz de remontar, mi cuerpo asciende sin cesar hasta arribar a un grupo de cúmulos grandiosos con prominencias que configuran la imagen representativa del nombre de mi amor, y yo me muevo entre sus continuas deformaciones milagrosas, como un todo. Siento mi liviandad y me dejo llevar por los nimbos níveos. La complacencia es infinita junto a Coliflor, mi sublime deseo, y continúo alucinando repleto de deleite; es el buen tiempo para gozar de las caricias relucientes que siguen a su perdón cíclico.

Sin embargo, cuando me condena por mis acciones poco gustosas -según su parecer- a ocupar un cacho de cielo ennegrecido para incomodarme, no es lo mismo. Ese espacio es un purgatorio severo repleto de nimbostratos, nubes negras muy opacas que amenazan tormentas de nieve que me hacen temblar de frío hasta entumecerme el alma.

El error posiblemente estribe en que su desarrollo poético y espiritual se ha sublimizado en exceso, mientras que en mi caso reposan sobre una base más pragmática. Una evolución desigual que hace que mis códigos sean otros, muy lejanos de sus principios. Pero, a pesar de ello, sé que siempre me perdonará, pues es conocedora de que todos carecemos de culpa. Por ello quedo aguardando el nuevo encuentro.

Mas cuando pasado un tiempo no logro su indulto, caigo en la zanja del infierno, en la áspera y dura tierra que me aguarda. Severa realidad. Y en ese instante comienzo a deambular sin sentido entre estrechas dunas conglomeradas, densas, prietas de orgullo ofendido. Ni siquiera me decido a levantar la vista para percibirla entre las nubes. Y me quedo recluido en una insignificante hendidura como palomo sin grano esperando la muerte.

Llegado a este punto, acabo teniendo necesidad de creer en el avance y, por lo tanto, permanezco al aguardo de que reconozca con naturalidad mis errores, mis limitaciones y conductas que la desconciertan; y las acepte disolviendo el arrebato y regenerando las malas huellas. Sólo espero la reprobación definitiva o un signo de devoción sublime. Pero… ¡que consienta mis sombras, por Dios!

Y justo en el segundo que me absuelve una vez más, se estremece mi ser como nunca lo he percibido. Me limpio y engalano con mis prendas inmaculadas y me digo satisfecho: el aire seco es incapaz de ascender y, sin embargo, mi cuerpo remonta sin cesar hasta lograr infiltrarse en un extraordinario cumulonimbo y permanecer suspendido. Es entonces cuando siento estar en una mágica algodonera erguida, cernido por mis gozos hasta alcanzar las inconmensurables glorias.

Coronando los doce mil, allí está ella, con los brazos extendidos. Y los dos relucimos de nuevo.

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Enrique Masip Segarra [2019]. © Todos los derechos reservados.

enriquemasipsegarra.wordpress.com
enmasecs@hotmail.com

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Coliflor [Brassica oleracea var. botrytis]. Variedad de la especie Brassica oleracea, en el grupo de cultivares Botrytis de la familia Brassicaceae.

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¿Túneles a mí?

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Relato breve

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Malditos coches eléctricos, están por todas partes y, lo peor, es que no los oyes, te vuelven disminuido. Son como búhos de la noche silenciosa a la captura del peatón distraído con sus bagatelas de mensajes telefónicos. ¿Será posible que por mirar al político de la oposición disfrazado de lagarterana, contando un chiste malo, haya acabado en la cama de un hospital con carencias debido a la crisis económica y a la epidemia de gripe invernal de turno? Pues así es.

Bueno, por fin han encontrado una cama donde poner mi cuerpo quebrantado por el atropello, plagado de vías y tubos a la espera de entrar en el quirófano. Estoy en el pasillo haciendo cola y me duele todo, hasta el collarín que me han puesto. Y la certeza de que, antes o después, todos estos viejos que están por todas partes y que no se han puesto la vacuna contra la gripe, acabarán infectándome acrecentando mi delicada situación. Menos mal que aún soy capaz de reflexionar y no se me ha ido la mollera tras el brutal golpe.

Se acerca una enfermera y, después de observar los goteros, parece que me dice algo agradable, pero no soy capaz de deducir lo que escucho. Seguramente deben ser palabras de ánimo, pues ya empuja el camastro con una sonrisa compasiva acelerando en dirección a la sala de operaciones.

Acabado de entrar, y recién colocado sobre el la mesa de operaciones me ciega una luz intensa, la fría de la lámpara central. Nada es igual ya, mi percepción siente que el cuerpo se disipa mientras me desangro. La razón mermada registra el traslado a una nebulosa distante donde comienza a oscilar entre imágenes de esmeraldas que se me avecinan y facinerosos sin rostro disponiéndose a manipular mi cuerpo. Noto, como mi conciencia lentamente remite hasta pasar a otra frecuencia más elevada.

Tengo frente a mí una luminaria diferente, esta vez es lejana, diría que prodigiosa, de origen desconocido que proyecta su inmaculada intensidad a través de un túnel de apariencia recia y, al unísono, delicada, suave, casi etérea. Y yo estoy dentro apaciblemente conforme, sin expectativa alguna, con el único interés en deambular mi vista por el corredor. Hasta que unos seres traslúcidos de rostros familiares me indican amablemente y con delicadeza el camino inexorable de la muerte. Y quedo sorprendido ante tal afirmación.

¿Pero qué coño me están diciendo… ¿que me estoy muriendo? Si es así, me niego rotundamente y doy marcha atrás de inmediato, no estoy por la labor de facilitar a nadie el viaje de marras. Faltaría más que ahora que había rehecho mi vida con un trabajo digno y un amor ardiente que ni soñado, por culpa de un santiamén inadvertido me vea en esta tesitura; ni hablar. Me niego. Les digo, sin aliento.

Mas estos seres limpios, trasparentes y conocidos, insisten amables en persuadirme que no hay vuelta atrás, que mi plaza es firme y me enaltecen lo suficiente para que mis pies dejen de pertenecerme. Ahora estoy flotando sobre la manifestación lumínica sorprendente de aquel túnel de presagio nefasto. Cuando me quiero dar cuenta, la luz ha ingresado en todo mi cuerpo integrándose de tal manera que yo, ya formo parte de ese fantástico fanal de paz que atrae a los muertos.

Es ahora cuando me vienen los recuerdos y esperanzas de toda mi existencia material y me rebelo de nuevo. La vida es una aventura preciosa y no consiento que nadie me imponga un tránsito irremediable. No deseo arribar a ningún plano de luz. Pero una y otra vez recibo mensajes claros de que debo rectificar, darme cuenta que he fallecido, que no hay vuelta atrás, que ya he desencarnado, y aceptarlo con naturalidad y alegría. ¿Pero cómo coño puedo estar alegre alejándome de mi apasionado amor, del mejor cuerpo que jamás he tenido en mis brazos? ¡Están locos!

E insisten mis almas afines: “No eres una criatura humana en una aventura espiritual, sino una criatura espiritual en una aventura humana”* que ha finalizado. Me hablan una y otra vez de que en este tránsito debo retomar conciencia de mi estado, prescindir de cualquier noción identitaria y, de esta manera, volver a ser lo que siempre fui: un ángel del Universo Infinito, Y si no lo acepto, habré de seguir en el tránsito evolucionando en consciencia hasta tener lugar la aceptación. Mas sigo manteniendo la percepción del yo mismo con firmeza rancia. Y quiero volver a la “impermanencia” con ella, mi fogosidad.

Esta gente tan amable y persistente hasta el agobio no entiende que yo no creo en nada de todo esto que me hablan. ¡Que soy ateo, coño! Y todo me parece un cuento trasnochado de hadas para niñatas, negándome a desistir empuñando mis razones terrenales que son las únicas válidas. Pero son incansables. Harto de la presión suelto un ¡basta ya! resuelto pero… nada, siguen dale que te pego.

Hasta que el grupo “álmico” me hace saber que ya no dispongo ni de testosterona ni de tiempo, y que si sigo tan tozudo, lo único que podría conseguir es una reencarnación obligada y nefasta, de esas que dejan huella más allá de la vida. Claro, volver a reencarnarme en otra persona para seguir viviendo experiencias enriquecedoras y evolucionar más, crecer hasta alcanzar el verdadero y completo conocimiento del alma, como dicen, sí, por seguirles la corriente; pero si en ningún caso puedo volver a estar como antes, con mi amor… no me interesa. Y me niego una vez más.

Mientras maldigo mi suerte declarándome en contra de todo mi infortunio, siento algo nuevo, especial, de posible contrasentido herciano. Algo manifestado. Y de inmediato, me veo como un embrión dentro de un útero. Y detracto esa nueva reencarnación, pues me aleja definitivamente de mi febril amor. Ahora, decepcionado, no tengo más remedio que aceptar la realidad, hacerla mía con gran pesar.

Tardo poco tiempo en descubrir que estoy creciendo dentro del útero de una madre muy especial: mi apasionado amor. Su voz es inconfundible y empiezo a valorar en cierta medida la oportunidad que se me da. Por lo menos, puedo sentir de nuevo su piel y gozar de su mirada. Acercarme a ella como su próximo hijo, con la esperanza de poder sentir sus abrazos y besos mientras me entrega sus pechos repletos de leche.

Y cuando más animoso estoy, quiere la fatalidad, o vea usted a saber, yo tengo mis dudas, que el embarazo concluya en un parto espinoso y desalmado con las consiguientes pérdidas de nuestras vidas terrenales: la mía recién iniciada y la de mi amor pasional (en ese instante, mi madre). Con lo que acabamos los dos en la entrada del túnel frente a la luz distante. Yo, en sus brazos acercándonos a nuestro nuevo destino y dispuestos, esta vez sí, a fusionarnos con ella con todas las consecuencias. El regreso a nuestra verdadera morada, en el plano de luz. Para existir eternamente en el amor divino del vacío que llena el todo vibracional.

Que se le va a hacer. Nunca he tenido suerte del todo. Quizá en otra reencarnación me salga todo mejor, aunque en mí suena a contrasentido. En fin, habrá que estar a la que cae, nunca se sabe.

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Enrique Masip Segarra [2019]. © Todos los derechos reservados.

enriquemasipsegarra.wordpress.com
enmasecs@hotmail.com

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De la reencarnación en el arte hinduísta.

Himalayan Academy Publications, Kapaa, Kauai, Hawaii. Satguru Sivaya Subramuniyaswami

De la vida alimentaria de Miravetis

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Sobre alimentaciones

Visto que hay ciertos lectores que demandan saber algo más a cerca de la vida alimentaria del abuelo Miravetis, paso a exponer algunos detalles que me ha revelado últimamente.

Para empezar hace hincapié en que hay que dormir ocho horas diarias y, para ello, se toma una pastilla de melatonina antes de introducirse en el camastro.

Cuando se levanta, la primera actividad que realiza es una serie de ejercicios de elasticidad y fuerza e, inmediatamente, ejecuta ejercicios de coordinación y reflejos con pelota de esponja densa para, después, realizar ejercicio sobre el tubo mágico y la barra fija. Una vez finalizados, pasa a asearse.

A continuación, siguiendo los consejos de la medicina ayurvédica, recordados por Andreas Moritz [Alemania, 1954-2012] practica los enjuagues y buches de boca con aceite virgen extra de girasol –una cucharada- pasándose la lengua por todas las encías y masajeándolas. Después de no más de diez minutos, escupe el aceite y enjuaga la boca con agua y bicarbonato, hasta dejarla totalmente limpia. Es un depurador de la sangre muy eficaz, me dice. Seguidamente, se prepara un zumo de limón desintoxicante, de este modo:

En un bote de cristal de gran capacidad, introduce un litro de agua muy poco mineralizada y con muy poco residuo y, a poder ser, templada; a continuación coloca un colador en la boca del bote y vuelca en su interior el zumo de un limón recién exprimido, una cucharadita de postre colmada de jengibre fresco rayado al momento, y una cucharadita colmada de miel. Se revuelve todo y se toma lentamente.

Me dice que conviene utilizar un rallador de aprox. 20 cms de largo con los orificios pequeños. Se debe de rallar encima de un plato hondo y, a continuación, dejar caer agua muy templada sobre toda la zona rallada para arrastrar el jengibre hasta el plato. Para, después, volcar con pericia el agua al colador que está sobre el recipiente al que, previamente, se ha introducido el zumo de limón. Por último, se introduce la miel, se remueve y se toma.

Sostiene que utiliza este sistema depurativo por estar muy contrastado y ser muy efectivo, recomendado, además, por Anthony William.

A la media hora se puede ingerir el desayuno dulce y prodigioso del abuelo Miravetis, es decir, su particular papilla, esto es:

La noche anterior prepara un vaso de arándanos congelados y los deja en el frigorífico. Además, muele en el molinillo de café, durante doce segundos, los siguientes productos: una cucharadita de postre colmada de polen seco, una más de semillas de chía, otra de sésamo tostado y dos de amaranto. Una vez molidas las vuelca en un vaso y les añade un poco de agua mientras las remueve con el mango de la cucharita hasta convertirlo en pasta. A continuación, la deja en el frigorífico.

A la mañana siguiente, después de tomar la bebida desintoxicante ya referida, pasa a preparar el resto de ingredientes. Empieza por volcar en un recipiente cilíndrico de acero inox (utiliza una cubitera para una sola botella de cava) lo preparado por la noche anterior, o sea, los arándanos y, a continuación, la pasta de semillas y polen. Seguidamente, introduce en un vaso muy seco, media cucharadita de cacao en polvo desgrasado, una cucharadita de postre de germen de trigo, otra de canela en polvo, dos más de levadura de cerveza, otra de semillas de cáñamo, dos de polvo de cebada y dos más de alga espirulina en polvo. Después introduce dos cucharaditas de postre colmadas de semillas de calabaza y una de semillas de girasol.

Todo se remueve con el mango de la cucharita hasta dejarlo bien mezclado y lo vuelca a continuación en la cubitera de acero. Y sigue introduciendo productos de la huerta como el apio – dos pencas-, una zanahoria de buen tamaño, tres o cuatro dedos de pepino, una hoja grandecita de kalanchoe Daigremontiana o cuatro dedos de hoja de aloe vera pelada –si se puede, se deben alternar cada dos meses-, de medio a un vaso de perejil fresco, otro de cilantro, dos ajos negros, una manzana (a poder ser de piel roja) y un plátano maduro; y, como últimos ingredientes, dos cucharadas soperas de aceite de lino y dos de alga dulce que, previamente, se ha dejado en remojo durante tres minutos. Se tritura todo y bate con el túrmix de varilla a poca velocidad hasta dejar la papilla en perfecto estado.

Tal volumen de papilla debe ser repartida en dos tomas, la ya referida del desayuno y, a mediodía, la segunda. En tal sentido, es recomendable apartar la mitad para volcarla en un recipiente de cristal con tapa hermética al que, anteriormente, se le ha cubierto todo el cristal con cinta aislante negra para evitar que entre la luz. Se debe de llenar hasta rebosar para que no quede aire y, lo que se haya salido, se limpia debajo del grifo; se seca y pasa a la nevera para que se conserve bien hasta ingerirlo a la hora de comer. 

Según Miravetis, esta papilla es el resultado de aglutinar todos los productos que muchas personas longevas conocidas han consumido habitualmente y que consideran les han ayudado a alargar y mejorar sus vidas.

En todo caso, en la ración diaria  de alimentos no deben de faltar algunos ingredientes como el arroz integral basmati, quínoa, trigo sarraceno, habas, guisantes, espinacas, espárragos, huevos de cosecha propia, garbanzos, alcachofas, aguacate, lechuga hoja de roble, rábanos, tomate, cebolla… Y varias raciones de fruta variada, entre ellas, uva roja, sandía, melón, pera, albaricoques, moras, granadas, piña, naranjas… Así como frutos secos: almendras, nueces, pistachos…

Para cenar suele hacerse siempre lo mismo: una ensalada y, por otro lado, cebolla roja, patata, col de Bruselas y brócoli, todo al vapor durante un máximo de quince minutos. Regado con aceite de oliva virgen extra. No suele usar la sal ya que a través de las verduras obtiene la necesaria. Y ante todo poco pan e integral, de centeno o mijo.

El pescado sólo una vez a la semana y siempre pequeño: boquerón, sardina, caballa, bacaladilla… Nunca frito.

Me indica que bebe agua a la que, previamente, se le ha introducido un chorrito de limón recién cortado. Es una manera sencilla de elevar su poder desintoxicante, según William.

Le comento que no estaría nada mal que nos hiciese saber también, aunque sólo sea por curiosidad, sobre aquellos productos especiales o suplementos nutricionales que suele tomar. Siempre puede haber alguien que sufra dolencias parecidas y le puede interesar. Asegura que en un próximo encuentro me los comentará.

Le agradezco su buena disposición y nos damos un abrazo.

Gracias, Miravetis, por tu generosidad.

P.S. Miravetis es un personaje de ficción y todo lo que dice y hace entra dentro del imaginario personal del que suscribe. Sólo intento interactuar a través de este protagonista, con el fin de mantener el debate sobre la alimentación natural, en base a escuelas y recetarios existentes en el conjunto de las culturas y que, en su practica totalidad, suelen ser compatibles con la medicina académica.

Enrique Masip Segarra [2019]. © Todos los derechos reservados.

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Cosecha del ajo. Del Tacuinum Sanitatis, ca. 1400 (Biblioteca Nacional de París).

Cáncer en Miravetis [5/5]: conclusión

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Relato breve, en 5 entregas

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[Anterior: 4/5 – Otras positividades]

 

5/5 – Conclusión

Por último, inciden los que saben del tema, la importancia que tiene para el aquejado abrigar esperanzas sin dudar y, sobre todo, sentir el aprecio de los suyos, vivir en armonía con su entorno familiar, el amor como terapia perfecta. Ya decía Moritz que la pareja que se refuerza en los momentos de vulnerabilidad a través de la relación amorosa que despierta el consuelo, apoyo y la compasión, potencia la curación increíblemente. Tender la mano, coger la mano; rozar y ser rozado con verdadero cariño: “El poder curativo de la caricia”.

Yo en este apartado he tenido mucha suerte, tengo un ambiente muy cordial que rebosa alegría de coexistir. Vivo con mi mujer, y mi suegro de noventa y ocho años que con su sola presencia me convierte en un joven de ochenta, y creo que nuestra unión está basada en entender que “el amor es la pasión por la dicha del otro”.

Eso es todo, dijo con orgullo, finalizando su relato.

— Está bien, -proseguí mirándole con fijación- te veo delgado pero muy fuerte y ágil, animoso y convencido de que tu cambio integral ha sido muy beneficioso para tu cuerpo y espíritu. Me alegro un montón. Has dicho cosas interesantes y creo que pueden ayudar a mucha gente que, como te sucedió a ti, se encuentran en algún bucle mental debido a algún giro brusco y cancerígeno que les amenaza su inmediato futuro.

Mientras no dejaba de observarle me fijé en una pulsera de piedras esféricas de colores que mostraba en su muñeca izquierda, y le pregunté de que se trataba, a lo que me respondió: “son tres piedras protectoras: amatista, malaquita y prenhita, las tres poderosas curativas.” Y, extrayendo de su pecho un colgante oscuro me dijo: “y ésta más grande es la piedra crisantemo, es tremendamente útil para dispersar toxinas y disolver tumores. No hay que olvidarse de que es bueno llevar amuletos bendecidos por la energía universal.”

Entonces, metiéndose la mano en el bolsillo extrajo una pequeña piedra negra brillante e irregular con orgullo: “es cristal de shungit, un mineral de la Nueva Era, un verdadero agujero negro protector que se traga todas las energías y egrégores nocivos, incluso las ondas electromagnéticas maliciosas. La shungit, si la introduces en un vaso de agua del grifo obtienes un auténtico “elixir de vida”.

Ante tal exposición protectora le dije con cierta guasa: “Creo que habrá poca gente que vaya tan protegida como tú por esta ciudad” A lo que me sonrió sudoroso con unos ojos iluminados que parecían alegrarse.

Durante los últimos minutos en los que estuve atento a lo que narraba con verdadero énfasis continuado mi amigo “Meravetis”, no me percaté que el cielo mudó abriéndose con descaro y reluciendo con tanta intensidad que las sombras eran agujeros codiciados repletos de gente intentando refrescarse un poco.

— Bueno, -proseguí- después de todo lo que me has contado ¿te queda algún detalle que pudiera ser de utilidad para los futuros lectores?

Entiendo que he descrito lo más significativo…; no obstante, quizás me gustaría mencionar que si tuviese que elegir un libro único para entrar en materia de manera fácil, rápida y práctica sería: “Mis recetas anticáncer”, de la Dra. Odiule Fernández, un buen libro que habla de métodos y técnicas desde la experiencia personal.

Y, por supuesto, señalar la importancia que tiene la disposición a agarrotar los malos hábitos para mejorar. Es la base de todo cambio positivo que forma parte de la lucha de supervivencia del ser humano. Hay una frase brillante que encierra el secreto para afrontar esta enfermedad:

El pesimista se queja del viento.
El optimista espera que cambie.
El realista ajusta las velas

Guillen George Ward. Del libro “Inteligencia del alma” de José María Doria

Cuando hubo finalizado, y después de mirar su pequeño reloj de bolsillo, se irguió de inmediato maldiciendo lo rápido que pasa el tiempo. Fue entonces cuando me dio un abrazo.

— Gracias por tu charla viejo amigo, hasta siempre -le dije.

Su caminar, seguro y ágil, lo llevó en un instante muy lejos, hasta perderlo en el horizonte del asfalto, donde en los días de calor se crean visiones. Y su figura se reflejó en un lago de agua sosegada, ficticia, ilusoria, hasta desaparecer.

 

Aquí el texto, al completo]

Enrique Masip Segarra [2018]. © Todos los derechos reservados.

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De ‘Materia Medica‘, en idioma árabe. España, siglo XII-XIII. Obra escrita por Dioscórides, “sobre la preparación, propiedades y pruebas de drogas”, precursora de la farmacopea moderna. Describe unas 600 plantas medicinales, 90 minerales y alrededor de 30 sustancias de origen animal.

 

Cáncer en Miravetis [4/5]: Otras positividades

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Relato breve, en 5 entregas

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[Anterior: 3/5 – Contando con la naturaleza]

 

4/5 – Otras positividades

Por otra parte, todos los que me aconsejaban cambios para mejorar la actitud ante la enfermedad y aumentar las defensas hablaban del valor prodigioso que tiene aproximarse al campo: llanuras abiertas, montañas, valles, ríos,… De hecho no hay que olvidar el beneficio de los baños de bosque de la tradición japonesa.

Lo acertado es recorrer los paisajes y admirarlos hasta embelesarse. Fundirse con la naturaleza a través de marchas que te obliguen a pasar por recovecos fértiles, llanuras pedregosas, frondosidades que cierran los cielos, riscos descarados. Admirar como los vientos frescos mueven las copas de los árboles solitarios y, por momentos, los vuelven pinceles que matizan nubes irreales.

Crear un vínculo con el medio salvaje que te arrastra a tus ancestros y emocionarte con el placer y la empatía que se crean cuando se sienten sus caricias y bondad infinita. Escudriñar en silencio los rincones en busca de las bayas milagrosas, los pétalos de mil matices y los, casi siempre fugaces, animales en sus posaderos, guaridas o resguardos. Personalmente lo hago con mis dos perras, una sensible compañía para enriquecer la soledad buscada.

Y el colmo, lo sumo: experimentar el estremecimiento enraizante, el que te ensambla subterráneamente con toda la flora que te rodea, proveyéndote de la máxima energía sanadora. Solo se logra asentado sobre el terreno atendiendo y oliendo el secreto envolvente que te abriga, al tiempo que aumentas la concentración respirando profundamente alternando las fosas nasales. Imprescindible que sea después de atravesar zonas densas, ajustadas, repletas de arbustos crecidos que impidan la visión más allá de ellos. Que ofrezcan resistencia a tu paso, que te exijan retirar hacia los costados esas frondas rociadas, bautizadas por el cielo, para abrir el justo espacio. Ahora es mi actividad favorita, a la que llamo ducha de arbusto. Sanadora y equilibradora sin ninguna duda.

Por otro lado, hay autores que destacan la falta de interés que demuestra el hombre moderno en recibir diariamente la sanadora luz del sol. Lo plantean como un error gravísimo para nuestro organismo. Hay que amar al sol, es vital despedirlo con honores en su declive diario y esperarlo al alba para aplaudir su presencia, por el perenne beneficio que absorbemos de él. Contemplar el sol es una tradición curativa que se pierde en los tiempos, con las precauciones debidas. Siempre está con nosotros proyectando sus rayos infrarrojos y ultravioletas curativos. Hay que tomar los baños de sol directamente, pues los cristales habituales no dejan pasar los rayos beneficiosos por lo que no serviría para nada; habría que instalar los especiales. Si excluimos la luz del sol de nuestras vidas, pronto notaremos un bajón de energía, debilitándonos mental y físicamente, facilitando enfermedades de todo tipo, incluido el cáncer.

Es recomendable tomar todos los días un baño de sol de, por lo menos, quince minutos en horas prontas o tardías, en función de la época del año. Mejor desnudos y por la zona anterior y posterior del cuerpo. Ya se sabe, sin luz no hay salud. Esta previene multitud de enfermedades y equilibra el nivel de azúcar, aumenta la capacidad de oxigeno en sangre, las hormonas sexuales, los linfocitos y fagocitos, incrementa los niveles de vitamina D, etc. Y si nos es imposible salir al exterior para recibir el sol, debemos instalar en nuestras casas lámparas de espectro completo, es la mejor alternativa. A más rayos UVE menos cáncer, nos dicen.

[…].

[el relato continuará en la siguiente edición [5/5]– aquí el texto ya al completo]

Enrique Masip Segarra [2016]. © Todos los derechos reservados.

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Página del Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis [Códice De la Cruz-Badiano, Códice Badiano o Códice Barberini], herbario azteca escrito y traducido al latín por Juan Badiano y Martín de la Cruz en 1552. La página ilustra las plantas tlahçolteoçacatl, tlayapaloni, axocotl y chicomacatl utilizadas en herbología azteca para hacer un “remedio para un cuerpo herido”. +

Cáncer en Miravetis [3/5]: Contando con la naturaleza

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Relato breve, en 5 entregas

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[Anterior: 2/5 – Indagando]

3/5 – Contando con la naturaleza

Ávido de centrarme en mi cuerpo para finalizar el recorrido de sanación y hacer realidad aquella frase de la filosofía griega que hablaba sobre el cultivo de la mente, el cuerpo y el alma para alcanzar el equilibrio e iniciar el camino de la placidez, a través de la pérdida de los miedos que nos asedian, me tiré de cabeza a Internet, con más fuerza que nunca, con la intención de capturar las mejores soluciones alimenticias u otras para optimizar la salud de mi cuerpo.

Me di un golpe tan enérgico contra el fondo de la diversidad inabarcable del conocimiento popular y seudocientífico, que estrené un nuevo aturdimiento. Todos los días ingresaban en mi cerebro un desconcierto de datos sueltos, mezclas prodigiosas, alimentos mágicos, técnicas secretas… ¡Qué sé yo! Empecé a preocuparme y decidí que el estrés del padecimiento no debía de alimentarse con la agonía de la excesiva búsqueda y oferta.

Tuve temor a babosear frente a alguna solución encubierta que fuera nefasta para mis intereses, por lo que decidí olvidarme de las fuentes secundarias y leer textos y obras sobre el tema firmados con nombre y apellidos, y confrontarlos para ver las coincidencias más importantes y aplicar en última instancia mi peculiar catalizador: el susurro del alma. Fue de este modo como concluí en un principio básico de la salud de mi cuerpo: la desintoxicación a través de varios métodos.

Los expertos nos dicen que el cuerpo humano ya tiene sus procesos de desintoxicación, mas no todo el mundo es perfecto en este sentido y, además, los alimentos, el agua que tomamos y el aire que respiramos ya no son los de antaño, están demasiado adulterados y contaminados; por ello debemos ayudar a nuestro cuerpo a mejorar esa función. Primero ingiriendo alimentos sanos, a poder ser ecológicos, y desechando los precocinados, y los malos hábitos. Después, realizando limpiezas específicas. Hasta que no comprendí que el hígado, los riñones, la piel, el sistema linfático, etc. de nuestro cuerpo, pedían auxilio, no supe ver la solución a mis problemas.

Y descubrí las diferentes técnicas para ayudarles en su función diaria: la alimentación sana y alcalina, los ayunos milagrosos, las lavativas de manzanilla y café, los baños de agua con sal de mar, la sauna de infrarrojos lejanos, los alimentos que nos liberan de los metales pesados que invaden todo nuestro cuerpo (cilantro, perejil, dulce, espirulina, polvo de cebada), los productos eliminadores de parásitos -protocolo desparasitante de la Dra. Clark-, las infusiones contra los microplásticos, cloros, flúor, herbicidas, fungicidas, pesticidas, disolventes (Anthony William)… Hasta llorar desconsoladamente desintoxica nuestro cuerpo.

Es un hecho que tratamos mejor a nuestro automóvil que a nosotros mismos. Sabemos que la “inmortalidad” de la juventud se consume año tras año y, a pesar de ello, no hacemos nada esperando una quimera improbable. Craso error.

Así que decidí modificar mis rutinas y opté por una dieta hipotóxica en un setenta y cinco por ciento de mis días, priorizando los crudos. Me convertí en vegetariano, haciendo caso entre otros a Robert Morse. Bueno, más bien en “flexitariano”. Siempre he sido una persona elástica, sobre todo cuando la imposición viene únicamente de mi propia determinación.

También renuncié a los productos lácteos y derivados y, cómo no, al azúcar. Determiné comer solamente los huevos de mi gallinero totalmente ecológico. Para ello cambié el pienso a las gallinas. Y no debió de gustarles mucho puesto que escarbaban el nuevo a la búsqueda enfermiza del viejo. Todo acabó por los suelos y haciéndome un boicot tremendo: no me pusieron más huevos en los siguientes tres meses.

Aunque sin abusar. Las semillas y los frutos secos pasaron a ser una parte más de mi alimentación y las legumbres, por supuesto. Prefiriendo los garbanzos, eso sí, con comino o hinojo siguiendo las recomendaciones familiares, aunque me siguieron recriminando con acritud socarrona mis inoportunas ventoleras. Por momentos fui adoptando nuevas rutinas nutritivas, como el tener en cuenta la incompatibilidad de muchos de los alimentos a la hora de combinarlos.

Igualmente, a través de mis asimilaciones, percibí la importancia de beber un mínimo de agua diaria con poco residuo y escasa mineralización. Saber que la deshidratación crónica inicia muchas enfermedades, que el alcohol es uno de sus potenciadores y que obliga a beber más agua para compensar sus efectos. Y de la importancia de la llamada “agua vital” o “cristal líquido” de Del Rio y Pauling; interesante, muy interesante.

[…].

[el relato continuará en la siguiente edición [4/5] – aquí el texto ya al completo]

Enrique Masip Segarra [2016]. © Todos los derechos reservados.

enriquemasipsegarra.wordpress.com
enmasecs@hotmail.com

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‘Chamán danzante’ [s 13.000 aC]. Pintura rupreste -mitad hombre, mitad animal- de la Gruta de Trois Frères, en Ariège, Midi-Pyrénées [Francia]. +

Cáncer en Miravetis [2/5]: Indagando

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Relato breve, en 5 entregas

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[Anterior: 1/5 – El golpe del saber]

2/5 – Indagando

Mientras seguía recreándome en estas teorías leyendo como un poseso, una peca de nacimiento –mi padre tuvo varias que se tuvo que quitar- cambió su talante, volviéndose agresiva. Tanto, que se transformó, sin darme cuenta, en un melanoma invasor. Acabé sin ella y sin los ganglios linfáticos de mi axila derecha. Me acuerdo lo que le dije al cirujano, un joven agradable: “tú corta más que menos.” Y lo hizo de modo tan excelente que añadí su esfinge a mi santuario para causas arduas y penosas.

La verdad es que supuso para mi ánimo un nuevo declive que intenté minimizarlo disfrazándome de suertudo. ¿Qué cómo se hace?, fácilmente: sonriendo frente al espejo de la vida repleto de vaho y diciéndole todos los días que te ves perfecto; hasta que te lo crees y, entonces, desaparece la niebla fija viendo de nuevo todo con claridad. Eso, sí, se precisa de considerable armonía y tesón. Y tuve que incluir la técnica de respiración antiestrés: 1/4/2, 2/8/4,… El caso es que lo logré antes de lo supuesto. ¿Sabes que dicen que el pensamiento crea la palabra y ésta la realidad? Pues algo de eso debió pasar.

Fue entonces cuando contacté por casualidad con un psicoterapeuta que me ofreció a través de la psicología aplicada las terapias subliminales grabadas en alta velocidad de cuarta generación. Con la intención de que se iniciaran los cambios radicales beneficiosos en mi inconsciente me vendió un CD, inflado de precio, que yo conectaba todas las noches para que lo escuchara mi involuntaria máquina cerebral. Era algo así como neurotecnología subliminal.

Lo peor fue que a pesar de que lo reproducía a un bajísimo volumen mi mujer no hacía más que protestar, pues no le dejaba conciliar el sueño. Recuerdo que me decía que acabaríamos dando la vuelta a la tortilla, cambiar las suertes, ella enferma y yo sano como un roble. La realidad es que supo aguantar mi terapia de choque de manera ejemplar. Y después de tres meses, sonrió de nuevo. Mas puedo asegurar que estuve a punto de que me expulsaran sin contemplaciones de mi divino camastro de cuatro metros cuadrados.

Un trance añadido: me recomendaron no caer en la quimio pues en mi suceso no funcionaba absolutamente nada. Es más, me pusieron hasta fecha de caducidad. Pero no tardé mucho en descubrir una hipotética y confusa esperanza, viajando por el universo de la información. Eran unos productos mágicos que se llamaban: Dimetil Sulfoxido (DMSO), Peróxido de Hidrógeno y “Clorito” (“Suplemento Mineral Milagroso”) y no me demoré nada en saberlo todo sobre estos complementos mata-patógenos para optimizar mi sistema inmunológico.

Después de algunos meses de pruebas me decanté por el “clorito”, que únicamente se podía vender como desinfectante de aguas. Estaba prohibido hacerlo como medicamento, ni siquiera aconsejarlo en público para curar enfermedades. Convencido de que no tenía nada que perder y ayudado, una vez más, por mi intuición, me compré el libro, después el producto e, inmediatamente, me dediqué a ingerirlo todos los días, siguiendo uno de sus múltiples protocolos.

Hoy sigo tomándomelo todas las noches antes de acostarme. Y creo que, como todo grano hace granero, me sirve de mucho para incrementar mis protecciones. Siempre he creído a los expertos que sostienen que todo aquello que potencia las defensas es inmejorable para la salud.

Y, a continuación, me atreví a probar de todo: el Salvestrol, la cúrcuma, el Reishi, la Equinácea, la Uña de gato amazónica, el áloe, el kalanchoe, las simientes de albaricoque y de almendra amarga, la vitamina C, el zinc, el magnesio, el selenio, la Q10, la D3…

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[el relato 3/5 continuará en la siguiente edición – aquí el texto ya al completo]

Enrique Masip Segarra [2016]. © Todos los derechos reservados.

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El boticario‘ [1752]. Obra de Pietro Longhi [Italia, 1701–1785]. Colección del palacio Ca’ Rezzonico, Museo del siglo XVIII veneciano. Vía WikiMedia Commons